Título: Una temporada para silbar
Título original: The Whistling Season
Autor: Ivan Doig (1939-)
Año: 2006
Traductor: Juan Tafur
Editorial: Libros del Asteroide
Fecha de edición: mayo de 2011
Páginas: 349
-
Valoración: 7 /10
Estamos en 1957. La Unión Soviética acaba de poner en órbita el Sputnik y el gobierno de EE.UU. considera necesaria una gran inversión en el programa espacial americano para no quedarse rezagados. Paul Milliron, superintendente de Instrucción Pública, ha sido elegido para comunicar a los maestros y a las juntas escolares de todas las escuelas unitarias de Montana que están entre los afectados por los recortes implícitos en esa gran inversión: esto es, deben echar el cierre. El encargo es especialmente enojoso para Paul porque él mismo estudió en una de esas escuelas. De hecho, lo encontramos recorriendo la casa donde se crió, en un paseo nostálgico que lo devuelve (y a nosotros con él) al otoño de 1909. Más concretamente, al día en que el padre de Paul, sentado con sus tres hijos a la mesa de la cocina, decidió contratar a una ama de llaves que pusiera algo de orden en esa casa un año después de haber perdido a la señora Milliron.
Lo que sigue es una historia de corte clásico; literatura que yo llamaría «de valores», en la línea de obras como Matar a un ruiseñor o, volviendo sobre esta misma editorial (que gusta de estas novelas, ¿y quién no?), como Adiós, hasta mañana, Me voy con vosotros para siempre, Cuatro hermanas y El río de la vida. Por eso sorprende que esta novela sea de 2006; que un autor norteamericano haya escrito esta historia tan amable en una época en la que vende mucho más la malicia, la sordidez y la obscenidad (al margen de la menor o mayor calidad de las obras). Claro que la fotografía de la solapa ayuda a entenderlo mejor. Me resulta fácil imaginar a ese barbas de aspecto entrañable viviendo en una cabaña aislada por la naturaleza; gastando la mayor parte del tiempo junto a un río, con una pipa entre los dientes y una caña de pescar en las manos; hurtándose a los nuevos tiempos.
Para ser justos, la novela de Doig quizá iguale e incluso supere a la de Chappell, pero se queda uno o dos escalones por debajo de las otras que he citado. Pero es que esas otras son palabras mayores, y bastante mérito tiene ya evocarlas. En todo caso, y pese a unos cuantos giros no demasiado brillantes hacia el final, Ivan Doig ha creado una historia y unos personajes de los que perduran en la memoria más tiempo del que suele ser habitual.

Me quedan cien páginas por leer, pero acabo hoy seguro. Es uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Maravilloso por su sencillez y por la hermosura de la bondad de sus personajes. Fantástico para maestros y profesores. Muy animante. Dolors Massot
Siento haber tardado casi un día en publicar su comentario. He estado fuera, y sin posibilidad de conectarme, todo el fin de semana. Le agradezco mucho que haya dejado su opinión.
Pingback: El blog de Metropolis Libros
Pingback: ‘Una temporada para silvar’ de Ivan Doig « La Critipedia
Novela muy apta para el público juvenil. Sencilla, sin complicaciones, mantiene el interés. Está ambientada en la zona rural del Estado de Montana, en los USA, a comienzos del siglo XX. Los Milliron han llegado aquí atraídos por la oferta de tierras para inmigrantes. Otros recién llegados lo hacen para trabajar en el Dique Grande y el canal que convertirá en regadíos amplias zona de la región. La familia Milliron ha quedado incompleta por la muerte de Florence, la madre. Al viudo le quedan tres hijos varones, el mayor de doce años. Asisten a la escuela de la localidad, una de esas escuelas con un solo aula en la que chicos y chicas de todas las edades aprenden a cargo de un maestro. En la escuela hay dos bandos o facciones, el de los hijos de inmigrantes de origen sueco y los llamados yugoeslavos; el resto de los alumnos se acomodan como pueden dentro de esa clasificación. La novela comienza y acaba con un salto adelante en el tiempo en el que Paul Milliron, el mayor de los hermanos, es Supervisor Escolar del Estado y ha recibido la orden de cerrar todas las escuelas unitarias por falta de presupuesto. Los alumnos se desplazarán a centros docentes regionales en autobús escolar. Pero en Montana, a comienzos de siglo, los hermanos Milliron y sus compañeros van a la escuela a caballo y el único que tiene un vehículo a motor –un Ford T- es el médico de la zona. También las tierras se cultivan con arados arrastrados por animales. La pregunta que se plantea el lector es cómo se publican novelas referidas a un mundo tan lejano. Parte de la respuesta está en la nostalgia. Ivan Voig publicó “Una temporada para silbar” cuando contaba sesenta y siete años y toda su obra literaria ha girado alrededor de su tierra natal. Otra parte de la respuesta está en que el medio rural todavía existe, aunque carezca de visibilidad para los hombres y mujeres de la ciudad. Sigue habiendo maestros, pero con otros problemas de los de las antiguas escuelas unitarias. Hay inmigrantes y diversidad de culturas que la escuela está llamada a integrar. Por último existen familias, como la del Oliver Milliron, que cocina cada día para sus tres hijos y acude al mayor cuando tiene que escribir una carta o expedir una factura. Cambia el contexto pero la vida es la misma. La novela termina bien, aunque el final suscita interrogantes en el lector. Muy apta para jóvenes y entretenida y nostálgica para los mayores.
Un buen resumen y una valoración interesante del libro. Se lo agradezco.
La traducción es magnifica